Por María Fernanda Arboleda 

Ingeniera Comercial, especialista en alianzas públicas – privadas

Gerente general EPN-TECH EP

La constitución de la República le otorga al Estado la potestad de planificar el desarrollo del país, reactivar la economía y uno de sus instrumentos es la creación de empresas públicas. Su finalidad es fortalecer la gestión del Estado.

La Ley que las regula “LEY ORGÁNICA DE EMPRESAS PÚBLICAS, LOEP” en su Artículo 4.- DEFINICIONES menciona: “Las empresas públicas son entidades que pertenecen al Estado en los términos que establece la Constitución de la República, personas jurídicas de derecho público, con patrimonio propio, dotadas de autonomía presupuestaria, financiera, económica, administrativa y de gestión. Estarán destinadas a la gestión de sectores estratégicos, la prestación de servicios públicos, el aprovechamiento sustentable de recursos naturales o de bienes públicos y en general al desarrollo de actividades económicas que corresponden al Estado”.

Si regresamos a ver la historia, desde hace varias décadas se crean empresas para ayudar y gestionar al Estado: Tame, Enprovit, Snalme (textos escolares), CEPE entre otras. Luego la constitución y la Ley orgánica de empresas públicas de los Gobiernos autónomos descentralizados y una decena de empresas de universidades públicas.

En los últimos días se ha mencionado desde el Ejecutivo la eliminación de varias de ellas, justificando esta decisión por las pérdidas millonarias que acarrean, ahora bien, es imperativo mencionar que las empresas públicas responden a un Directorio quien es el órgano rector, responsable de la orientación estratégica y control de la gestión. Por otro lado, las empresas públicas al estar reguladas tienen todas las herramientas para ser exitosas.

Entre ellas destacan:

Normativa clara, planificación estratégica, planificación operativa anual, autonomía administrativa, financiera y su capacidad asociativa.

Mi reflexión sobre el fallo de ellas se traduce a varias preguntas:

  • ¿La injerencia de la política en las empresas públicas las vuelven cortoplacistas?

  • ¿Tienen independencia en la toma de decisiones administrativas y de gestión?

  • ¿Existe un verdadero equilibrio entre los objetivos sociales y económicos?

  • ¿Se esfuerzan en ser exitosas al siempre contar con recursos permanentes?

Pues bien, existen otras empresas públicas con 100% autosustentación, actualmente lidero una de ellas, por lo cual “si no vendes no comes”, esto te hace ser competitivo, innovador, orientador de gestión eficiente, creativo y sobre todo ágil para poder competir con el mercado. El papel de innovarse, crearse, repensarse y comercializarse es el rol que el Estado necesita, el no depender del Estado en todos los casos, ya que cada empresa tiene su rol, su contribución y necesidades.

En la empresa pública que lidero (universitaria) con el fin de comercializar y transferir tecnología de vanguardia, nos enfocamos en tres dimensiones: Agilidad, facilitador y conector.

Nos repensamos cada momento, sin descuidar las normas públicas legales, nos volvemos una organización ágil, que se adapta rápidamente a las necesidades del mercado y tendencias del consumo ante un entorno VICA (Volátil, incierto, complejo y ambiguo).

Jugamos también el rol de “facilitador” social y de mercado, con el objetivo de impulsar la economía de manera pragmática utilizando diversos mecanismos que generen estímulos a todas las partes involucradas, para la transferencia de conocimiento y tecnología.

Somos el puente entre entidades públicas, privadas, organizaciones no gubernamentales y la academia a modo colaborativo para generar sinergias en conjunto que potencien las operaciones de éstos. El futuro es colaborativo gracias al poder de distribución que nos otorga el internet.

 «El gran reto de las empresas públicas estatales y de los GADS (Gobiernos Autónomos Descentralizados) es ejecutar política pública, vender bienes y servicios mezclando exitosamente los objetivos sociales y la rentabilidad económica para en algún momento volverse autosustentables”.

A continuación, algunas herramientas y metodologías de innovación que organismos del sector público pueden adoptarlas de inmediato para convertirse en una organización más ágil que responda a los cambios que exige la actual coyuntura.

  1. Para ser más ágiles: Lean Startups y Design Thinking

Lean Startup con el objetivo de operar de manera experimental y Design Thinking para poder generar nuevas soluciones que provengan de las necesidades reales de los ciudadanos, gracias a un correcto diseño de política pública centrado en el usuario.

  1. Para mejorar la toma de decisiones: Herramientas de análisis de datos

Por ejemplo, gracias al uso de la analítica de datos y herramientas de optimización discreta (Utilización de modelos matemáticos y estadísticos) hoy es posible identificar, diagnosticar y predecir con altos niveles de precisión diferentes desafíos, de esa manera podremos tomar decisiones basadas en datos y no de manera empírica.

  1. Para mejorar su modelo de gestión y adaptarse al “nuevo normal”: Gestión del cambio

Gracias a la implementación de un buen modelo de “Gestión del cambio”, hoy es posible entender las problemáticas más complejas y poder hacer frente a las mismas de manera ordenada y flexible.

El rol de la empresa pública en Ecuador y en un futuro cercano debe ser pragmático/útil y operar con velocidad. Las empresas públicas deben apalancarse de las nuevas tecnologías para incrementar su velocidad de operación y sobre todo empezar a pensar como startups, para solucionar los problemas. En algunos casos, el COVID-19, fue una buena oportunidad para repensar modelos comerciales y de gestión.

Por último, la normativa legal vigente les da a las empresas públicas un factor fenomenal: su capacidad asociativa es decir el hecho de poder gestionar su objetivo a través de consorcios, alianzas estratégicas, empresas mixtas, alianzas públicas privadas es excepcional, es el momento de pensar en los beneficios de aliarse con el sector privado, cambiar el chip de que lo público es malo.

La innovación es un elemento atractivo para la inversión privada, nacional o extranjera, más aún si nuestras capacidades como entidades públicas son limitadas.

Por otro lado, los beneficios son muchos, entre los que podemos mencionar están: generación de valor, incremento de competitividad del país, ejecución de obras en tiempos menores, generación de riqueza, reducción del déficit de infraestructura nacional, creación de incentivos para la eficiencia en el uso de recursos públicos, asegurar una adecuada operación y mantenimiento durante la vida de los proyectos, compartir objetivos, riesgos, generar riqueza, productividad y eficacia en la ejecución de proyectos.

El sector privado tiene innovación, tecnología, capacidad financiera y administrativa; el reto para los actores públicos es saber involucrarlos, perderles el miedo y aprender de ellos.

Si las empresas públicas quieren sobrevivir deben tener en su gestión diaria: Eficacia, innovación, tecnología, mecanismos de control a la corrupción y a otras influencias, equilibrio entre los objetivos públicos y privados, servir necesidades sociales y modernización en los procesos para generar rentabilidad.

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